lunes, 6 de enero de 2014

EL DERECHO A MORIR CON DIGNIDAD (Vicenç Navarro)


Vicenç Navarro

Muchos somos los que hemos visto a personas muy queridas que, debido a la enfermedad que tenían, tuvieron una muerte larga, penosa, dolorosa y humillante. Y era la propia persona que se estaba muriendo la que deseaba morir lo más pronto posible, irse sin pena y sin dolor, y sobre todo, con dignidad. Y, en cambio, era muy poco lo que el enfermo y sus familiares podían hacer para ayudarle. La ley no lo permite.
La mayor razón de ello es un prejuicio religioso que, como en el caso del aborto, habla de la santidad de la vida, sin ser sensible al significado y calidad de dicha vida. Está, como todo sentimiento religioso, basado en fe, en creencias, y escapa a cualquier raciocinio. Y es un indicador más del enorme poder que tiene la Iglesia y de su influencia negativa en la cultura popular que tal posibilidad ni siquiera haya sido considerada por los llamados representantes de la población.
Ni que decir tiene que es un tema complejo, pues puede dar pie a abusos, es decir, que este derecho fuera utilizado por los familiares o personas próximas al enfermo como manera de aliviar su propia incomodidad, añadiendo presión al enfermo para que firmara y diera su consentimiento para que le ayudasen a morir. Pero hay mecanismos y regulaciones que pueden disminuir la posibilidad de este abuso, adquiriendo, por ejemplo, la autorización en un momento de mayor normalidad en el que el paciente pueda decidir en una situación menos estresante, o incluso cuando no estuviera enfermo en fase terminal.
Así se está haciendo en cuatro Estados de EEUU: Oregón, Washington, Vermont y Montana. Y la popularidad de dicha medida explica que otros Estados estén considerando aprobar leyes semejantes. La intervención pública permitiendo la muerte asistida por personal sanitario se llama Death with Dignity Act (ley del derecho a morir con dignidad), y se está extendiendo a lo largo de EEUU. Ello es un indicador de la pérdida de influencia de las religiones en la sociedad. En realidad, ha sido la constante de las religiones, y muy en particular de las iglesias cristianas (y más concretamente de la Iglesia Católica) el valorar el dolor como instrumento de redención y purificación, concepción que adquiere mayor contundencia en el proceso del final de la vida, camino –según dichas religiones– hacia el otro mundo, donde se desarrolla la plena realización de aquel ser. Tal creencia tiene que respetarse por mera coherencia democrática. Cualquier ciudadano tiene el derecho a practicar su religión, según los cánones que marque su iglesia. Ahora bien, este mismo ciudadano no puede imponer sus creencias al resto de la sociedad, tal como las iglesias desean, y muy en particular la Iglesia Católica española, que tradicionalmente ha tenido una relación privilegiada con el Estado español, tanto durante los periodos dictatoriales como en los escasos periodos democráticos que España ha tenido en su historia. La Iglesia Católica española no solo no es un instrumento democrático, sino que es antidemocrático, puesto que nunca ha aceptado que sus creencias son particulares (es decir, debieran afectar solo a sus creyentes) y no universales (es decir, que apliquen a toda la ciudadanía). Y la dirección ultrarreaccionaria de la Iglesia Católica, que fue durante la dictadura parte del Estado fascista (los clérigos eran pagados por el Estado y los obispos nombrados por el dictador), nunca ha aceptado que sus creencias y sanciones no deben transformarse en políticas públicas en un sistema democrático. Hacerlo, como está ocurriendo en España, es de una enorme insensibilidad democrática, además de una gran crueldad e inhumanidad. Negar el derecho a morir sin dolor y con dignidad a las personas como consecuencia de un mandato de su Dios, es delegar la gobernanza de un país a un poder terrenal no democrático que utiliza un poder supuestamente divino (que nadie ha elegido) para controlar a la población. Han sido un error grave el excesivo respeto y docilidad mostrados por las izquierdas a las imposiciones de un poder fáctico que ha dañado tanto y continúa dañando a la población, y todo ello en nombre de su Dios.

Vicenç Navarro es Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra

4 comentarios:

trillian dijo...

Ya es hora qué la iglesia se dedique a lo qué le corresponde...ayudar a los necesitados, y dejen de acumular tantisimos millones como tiene él baticano y vivir con él lujo que viven, mientras hay gente muriendose de hambre.

Particularmente pienso qué en nuestro historial médico y cuando estamos con nuestras facultades mentales en perfecto estado, debería quedar una especie de testamento de vida donde quede claro nuestro deseo llegado él momento incluso que hacer con nuestro cuerpo despúes de fallecido.

Querido Paco un temita fuerte para empezar el año je.

Besitos.


Anónimo dijo...

Siempre me ha impresionado ese tema, considero que cada persona tiene el derecho de morir dignamente, y sobre todo no sufrir, cuando no hay nada más que hacer que nos dejen morir en paz, al margen de religiones y fanatismos.
Un abrazo de Marisa

Anónimo dijo...

Como soy ateo, laicista y anticlerical no me interesa nada que venga de la iglesia, esta gente lo único que ha hecho es que la sociedad no avance para que ellos vivan bien, por otra parte es uno de los entes más criminales que han existido y existen y por cierto la primera gran multinacional del crimen (no se puede olvidar la inquisición...) Yo pertenezco a DMD (Derecho a Morir Dignamente) Asociación Federal www.eutanasia.ws Nosotros no pretendemos ni mucho menos que a la gente se le eutanasie, queremos que nosotros podamos decidir cuándo morir y hacerlo sin dolor, así como las personas que nos auxilien en esos menesteres no sean procesados como homicidas o como auxiliadores al suicidio, pretendemos que las personas que desean la eutanasia puedan tenerla libremente; esto hoy en día ni este gobierno ni la iglesia católica lo van a permitir, eso sí los recortes en dependencia están a la orden del día y para más inri nos quieren meter una ley totalmente injusta del aborto para que las mujeres que no deseen ser madres lo sean a la fuerza aunque tengan hijos con malformaciones sean las que fueren. En fin mientras la iglesia tenga poder nos moriremos como perros
Gracias

ICaurin

Paco dijo...

Qué sorpresa I Caurin. Muy buen comentario que suscribo plenamente. Así es por desgracia y si los que vienen no empujan nosotros bastante tenemos con remover conciencias.
Un abrazo