domingo, 29 de junio de 2014

MIRE VD., SR GONZÁLEZ (Isidoro)

He recopilado información de algo que siempre he querido publicar, pero me faltaban elementos de juicio e información suficiente para hacerlo. Hoy creo que puedo mostraros un pequeño estudio después de haber "bebido" en diversas fuentes y es que no es de recibo que quien fue el Presidente del Gobierno español durante 13 años, se haya olvidado de todo lo que supone ser un socialista??, de las raíces, de "Los 100 años de honradez", de Pablo Iglesias Possé, fundador del PSOE y de la UGT y de personas tan sensatas y cabales como el propio Enrique Tierno Galván, quien en su libro "Cabos sueltos", relata sus opiniones sobre los tejemanejes de aquel famoso Congreso de Suresnes, donde, parece ser se humilló al entonces Secretario General Rodolfo Llopis, que si no recuerdo mal terminó llorando camino de Londres. La factura que pagó Tierno Galván posteriormente es otro capítulo para estudiar detenidamente. Las manifestaciones y la forma de vida acomodada de Felipe González, a mi me rechina y hace que me haya decidido a publicar lo que sigue, para que no se olviden los orígenes y  titular este artículo como lo titulo.


Pablo Iglesias Possé
"Centrémonos ahora en el PSOE cuyo impulso y momento clave en la historia reciente es el famoso congreso de Suresnes de 1.974 donde se cambió la orientación política e ideológica de este partido. En realidad más bien hay que decir que refundaron, reinventaron un partido diferente aprovechando las siglas históricas PSOE. No tiene desperdicio el capítulo dedicado al congreso de Suresnes en el libro "La C.I.A. en España" de Alfredo Grimaldos: "El PSOE del que hacen secretario general a Felipe González Márquez es un PSOE inventado. El dinero y la cobertura política la ponen fundamentalmente Willy Brandt y el Partido Socialdemócrata alemán que también canaliza dinero de la CIA. Los mismos miembros del Servicio de Inteligencia español de la época, el SECED, toman contacto con el PSOE e incluso escoltan hasta Suresnes a Felipe González, le dan la documentación y le llevan. Estamos hablando del SECED, el servicio de Carrero Blanco. El militar que acompañó a Felipe González, José Faura, pasa a ser Jefe del Estado Mayor del Ejército en 1.994 con Felipe González en el poder". Sin comentarios. No es de extrañar por lo tanto que en 1.979 Felipe González Márquez abanderase el abandono del marxismo por parte del PSOE con su tristemente célebre "el marxismo o yo". Nada de qué extrañarse tampoco cuando Felipe González y su reinventado PSOE una vez en el poder dejan para la Historia los GAL, el sí a la OTAN de 1.986, insumisos al servicio militar encarcelados o el decreto de 1.993 que abrió las puertas de par en par a la precariedad laboral y a los contratos basura, "flexibilización del mercado de trabajo" lo llamaron. ¿Dónde se ha visto que un auténtico socialista o "social-algo" considere a los trabajadores una mercancía de compra y venta comparable a un kilo de naranjas o a una caja de tornillos? Así no es de extrañar tampoco que "socialistas" como Trinidad Jiménez o Pedro Solbes, Exministro de Economía y Hacienda, pertenezcan a una organización como la Trilateral que no es precisamente un referente de izquierdas.

Congreso de Suresnes

El Congreso de Suresnes es el que hace el número trece de los celebrados por el PSOE durante el exilio entre los días 11 al 13 de octubre de 1974 en el teatro Jean Vilar de dicha localidad francesa colindante con París, y se le reconoce por ser el que cambió la orientación política e ideológica del PSOE poco antes de la transición democrática en España.


Desde el Congreso de Toulouse (1970), los socialistas españoles habían mantenido una pugna abierta respecto a la orientación política y a la posición de la organización. Por una parte, los líderes históricos encabezados por Rodolfo Llopis, a la sazón Secretario general en el exilio, mantenían una visión próxima al llamado "sector exterior", más tradicional. Por otra parte, el llamado "grupo de los sevillanos", de militantes jóvenes provenientes del interior y encabezado por Felipe González, Alfonso Guerra y Manuel Chaves, consideraban necesario que los socialistas comenzasen cuanto antes su preparación para el futuro que se preveía inmediato, tras la Revolución de los Claveles en Portugal y la delicada salud del dictador. Era, pues, una pugna por dos visiones distintas de la realidad, en la que no se quería dejar el espacio de la izquierda futura en España en manos de un Partido Comunista mucho más activo y que participaba en la Junta Democrática donde el PSOE no estaba.

Un mes antes del Congreso, se presentó la llamada Declaración de Septiembre, que abogaba claramente por la ruptura democrática entendida como el restablecimiento de un régimen de libertades al modelo europeo-occidental para lo que se exigía la libertad sindical, la liquidación del aparato represor del Estado, la libertad política, de asociación, de reunión, el derecho de huelga y el reconocimiento de las nacionalidades históricas.

El Congreso

El PSOE reconoce la representación en este Congreso de 3.586 militantes, de los que 1.038 estaban en el exilio. El resto estaba agrupado en 19 federaciones, siendo las más numerosas la asturiana, la guipuzcoana y la vizcaína, que englobaban a tres quintas partes del total.

Para respaldar al Congreso estuvieron presentes Willy Brandt, ex canciller alemán y líder socialdemócrata de su país, François Mitterrand, líder socialista francés y Bruno Pittermann, presidente en ese momento de la Internacional Socialista.


La renovación parecía inevitable. Muchas federaciones, entre ellas las vascas, propusieron en un primer momento a Nicolás Redondo como candidato a secretario general, pero no aceptó. La necesidad de un liderazgo en momentos complejos resultaba evidente. Por una parte, algunos historiadores consideran que la candidatura de Felipe González estaba pactada desde un año antes; otros consideran que las opciones estaban abiertas y destacan el interés por Nicolás Redondo en los primeros momentos.

En cualquier caso, se adquiere la fórmula de compromiso de Felipe González como candidato con el apoyo de todo el sector interior, menos la federación madrileña, y de Ramón Rubial (Pablo) y Eduardo López Albizu (Lalo), dirigentes históricos de fuerte ascendencia entre los militantes vascos.

Entre los miembros elegidos, además de Felipe González (Isidoro) en la secretaría general, para la Comisión Ejecutiva figuraban, entre otros, Alfonso Guerra (Andrés), Nicolás Redondo (Juan), José María Benegas (Chiqui), y dos miembros de la Agrupación Socialista Madrileña que habían votado en contra del nuevo secretario general: Francisco Bustelo y Pablo Castellano (Hervás).

El 13 de octubre de 1974, día en que se clausura el XIII Congreso del PSOE en el pequeño municipio de Suresnes, cercano a París, el partido de Pablo Iglesias cuenta con muy poco más de 2.500 militantes, acaba de salir de una grave y dolorosa escisión y tiene tan sólo un relativo respaldo de la Internacional Socialista. Los dirigentes surgidos de aquel congreso clandestino son prácticamente desconocidos en los medios de la oposición antifranquista de Madrid, donde la Junta Democrática mantiene una hegemonía indiscutible e indiscutida. Y sin embargo, en aquel acto, celebrado en el teatro municipal Jean Vilar, de Suresnes, se plantaba la semilla que ocho años después iba a conducir al PSOE al poder en España.

Cuando, en la mañana de aquel 14 de octubre de 1974, la nueva ejecutiva se dirigía a realizar una visita de cortesía al secretario general del Partido Socialista Francés, François Mitterrand, abundaban las caras largas: no todo había sido concordia en el transcurso del congreso que había concluido el día anterior. Pablo Castellano, Hervás, secretario de relaciones internacionales, había llevado su irritación hasta el extremo de que ni siquiera asistió a la entrevista con Mitterrand, quien, junto con el chileno Carlos Altamirano, había sido la gran estrella invitada de aquel XIII Congreso del Partido Socialista Obrero Español renovado.Las soluciones aportadas por el congreso no habían, obviamente, dejado satisfecho a Pablo Castellano, como tampoco habían gustado a Juan Iglesias, secretario de emigración en la nueva ejecutiva y único representante del exterior en la misma, ni a Francisco Bustelo, secretario de Formación e integrante de la federación madrileña, gran perdedora en aquel XIII Congreso.

Las consecuencias

La primera de ellas y la más buscada por los delegados era el liderazgo y la imagen joven y combativa del PSOE. El 19 de octubre, al poco de terminar el Congreso, El Correo de Andalucía es secuestrado por el régimen al incluir una larga entrevista con Felipe González. Este hecho fue detonante para que se incrementara el interés por los nuevos rumbos del socialismo español.

MÁS INFORMACIÓN

El proyecto político de Suresnes

El congreso de Suresnes, que sería el último de los que el PSOE celebraba en el exilio, había sido planteado desde algunos meses antes como un necesario reequilibrio entre algunas de las organizaciones regionales del partido renovado.

Hacía meses que las relaciones entre los propios renovadores no eran buenas. Ya en la reunión celebrada en agosto de 1974 en el parador de Jaizquíbel, en Fuenterrabía, se habían puesto de manifiesto tensiones anteriores, surgidas especialmente entre el grupo sevillano, encabezado por Fellipe González, Isidoro; Alfonso Guerra, Andrés, y Guillermo Galeote, Ernesto, y la aún débil organización madrileña, liderada por el abogado Pablo Castellano. Éste era considerado "excesivamente socialdemócrata" y "dado al pacto con los democristianos de Gil-Robles" por los intransigentes sevillanos, que prefieren entenderse con el sector sindicalista de la organización vasca, surgido de la combativa margen izquierda de la ría, donde figuran Ramón Rubial, Públo; Nicolás Redondo, Juan, y Eduardo López Albizu, Celso, entre otros.

Los guipuzcoanos aglutinados por Enrique Múgica, Goizalde -que acaba de captar para el partido a varios jóvenes abogados, entre ellos José María Benegas, Chiqui, y Ramón Jáuregui- constituyen, de creer en las cifras de militancia aportadas por cada provincia, la organización más grande numéricamente. Pero existe la fundamentada sospecha de que Múgica está engordando artificialmente el número de fichas para poder concurrir a Suresnes dotado de mayor representatividad y peso.

Al encuentro de Jaizquíbel, en el que se encuentran presentes los principales dirigentes vascos, sevillanos y el madrileño Castellano, no asisten los sectores del exilio que habían roto con Llopis. Entre estos sectores figuraban mayoritariamente quienes algunos años antes habían dirigido las juventudes -Manuel Simón, Manuel Garnacho, Carmen García Bloise- y algunos veteranos aislados que habrían de jugar un papel fundamental en la homologación internacional de los renovados: Francisco López Real, Máximo Rodríguez, Julio Fernández, Arsenio Jimeno, José Mata, son algunos de estos nombres.

Las reticencias entre los sevillanos y Pablo Castellano adquieren mayor relieve del que inicialmente pudiera parecer. El abogado madrileño es, al fin y al cabo, la única figura pública del PSOE en el interior, pese a lo tardío de su incorporación formal al partido -1971-1 es Castellano el hombre que responde a los periodistas; es Castellano quien contacta con otras fuerzas -desde la Federación Popular Democrática de Gil-Robles hasta la Junta Democrática, nacida en julio de aquel 1974-, y sobre todo, es Castellano quien asiste en nombre del PSOE a los intentos de reunificación socialista, entre los cuales destaca aquel verano la efímera Conferencia Socialista Ibérica.

Pese a las diferencias, de Jaizquíbel surgirá un importante documento-programa que servirá de base para los trabajos del congreso de Suresnes en octubre y que intenta convertirse en una réplica al programa difundido recientemente por la Junta Democrática, la plataforma unitaria aglutinada por Carrillo, Calvo Serer y Antonio García Trevijano y que poco a poco comienza a extenderse por el país. En la cumbre de Fuenterrabía - barajan igualmente varios nombres que podrían figurar en las listas de candidatos a la ejecutiva que debe salir de Suresnes.

Aunque nada se ha pactado expresamente, tras Jaizquíbel flota La sensación de que Nicolás Redondo, hijo y nieto de socialistas, en una probada dureza en la lucha sindical, mantendrá la  categoría que ya le fue otorgada en el congreso de la escisión de Toulouse, en agosto de 1972, y en el congreso de la UGT en 1971.

Pero Redondo se muestra reticente a aceptar el cargo y finalmente,  en vísperas del XIII Congreso, acaba negándose, alegando que ,prefiere concentrar sus esfuerzos en la UGT. Las negociaciones entre vascos y madrileños son duras: Castellano y Múgica se muestran le acuerdo en frenar cualquier preeminencia excesiva" de los sevillanos, pero ahí terminan sus coincidencias. La noche anterior al comienzo del congreso, parece haberse llegado a un pacto vasco-madrileño para mantener la ejecutiva colegiada, sin secretario general; Alfonso Guerra, que escucha la conversación que se desarrolla en la habitación vecina, se sorprende gratamente cuando, una vez que Castellano abandona la reunión con los vascos, éstos cambian de opinión y deciden apoyar la candidatura que trae Sevilla, es decir, la que tiene a Isidoro como primer secretario.


Guerra es, pues, el único que , a la mañana siguiente, conoce ya cuál será el resultado del congreso de Suresnes. Desde la vicepresidencia de la mesa, junto a José Martínez Cobos -hijo de un veterano exiliado en Toulouse-, que preside el acto, Alfonso Guerra muestra un indudable dominio de todos los hilos. No en vano fue el primer integrante del grupo de Sevilla que acudió a la sede socialista in la Rue du Taur, en Toulouse, para conocer, a finales de los años sesenta, a Rodolfo Llopis, un hombre casi mítico que controlaba férreamente el partido desde hacía más de un cuarto de siglo. En 1972, Guerra había acelerado la inevitable ruptura con los históricos de Llopis, partidarios de no ceder el mando del partido al interior, con la publicación de un duro artículo -'Los enfoques de la praxis"- en El Socialista. Desde entonces, y moviéndose siempre en un segundo plano, aquel sevillano, que procedía de ambientes teatrales, había comenzado a edificar una maquinaria de poder.

La maquinaria, en octubre de 1974, apenas estaba en embrión. Los primeros pasos del nuevo PSOE son vacilantes, pese a contar con el respaldo de una mayoría de la Internacional Socialista, que ha dejado de estar influenciada por elementos masónicos que, como el propio Bruno Pittermann, presidente de la organización, habían volcado su apoyo en Llopis.

Aquel 14 de octubre era aún difícil sospechar que precisamente aquel día comenzaba una carrera hacia la Moncloa."