miércoles, 7 de diciembre de 2016

HISTORIA DE UN IMBÉCIL...O NO


"Nací y ya ves que aquí estoy, supongo que al menos mi madre estaba en el parto, mi padre no lo sé ni nunca se lo pregunté y uno de mis primeros recuerdos fue una crecida que se llevaba una viga enorme y que el dueño corría para poder pararla. Supongo que la paró".

Y así es el protagonista de este relato quien difícilmente pierde el humor y que quien no lo conozca pensará que es inaccesible o una persona muy seria. Lejos de la realidad. 

Relata otros muchos recuerdos de su niñez y es un gran admirador de su padre quien se fue hace ya 40 años y entre esos recuerdo están algunos que recuerda como su hermana corría desesperada y como una loca porque no se le había ocurrido otra cosa que andar con unas guindillas y frotarse los ojos..... "ni el correcaminos la cogía. Entraba y salía como una posesa y no había quien la parase".

 Se le agolpan los recuerdos de niño y recuerda como los pobres siempre son los perjudicados con culpa o sin ella, aunque los demás fuesen más pobres que tú y el tiempo a muchos los ha puesto en su sitio, pero la crueldad de su niñez ejercida por otros niños de su edad no la va a olvidar y en lo posible no la ha tolerado después en sus descendientes.

Seguro que sus padres sufrieron por ella, pero así eran las cosas y donde no había recursos parecía que la dignidad, el respeto, el amor propio.... todo el mundo podía pisotearlo sin que por ello sintiesen remordimiento alguno. "La crueldad de la pobreza es doblemente cruel".

Tendría unos 9 años cuando salió por primera vez de su casa, quizá 10. Los padres tenían la seguridad de que allí, en aquel lugar el futuro era como el presente y ellos tenía muy claro que a sus hijos había que sacarlos y que aprendiesen otras cosas que no fuese la de ir detrás de un arado. Aceptó porque tampoco tenía otra opción y fue a para a un bar en Madrid, en la Calle Antonio López, viviendo en una chabola "propiedad" de un hermano de la madre. El trabajo de un niño detrás de una barra de un bar poniendo "pinchos", lavando vasos, barriendo o haciendo lo que le mandasen de 8 de la mañana a 11 o 12 de la noche con un descanso mínimo para comer haciendo dos kilómetros de ida y otros tantos de vuelta. Prohibido subirse en "los topes" del tranvía. Solamente una vez lo hizo y lo vieron... la bronca le cayó, claro. Los dueños unas personas humanas y buenas, El camararero, Fernando y extremeño de Azuaga un joven estupendo. Todo en ese aspecto muy bien, pero no dejaba de ser un niño y se las arregló para volver al lugar de partida después de ser "rescatado" de aquella chabola por otro hermano de la madre que residía en El Pardo. Pertenecía a la escolta de Franco... casi nada. Allí estuvo un tiempo hasta que alguien lo acompañase de vuelta en el tren, ya que por su edad no podía viajar solo. Un alto mando del ejército que iba al mismo lugar fue su protector durante todo el viaje.
De vuelta al lugar y con gafas. Una mofa en aquellos tiempos más, pero también es cierto que al menos al principio con un poco más de respeto. Al fin y al cabo él había estado en Madrid y los demás no.

Poco tiempo después las cosas volvieron casi a la normalidad pero con la diferencia de que la sumisión no era tanta y que cuando había mofas o burlas contestaba porque había descubierto que nadie era más que nadie y a él tampoco lo iban a humillar, al menos como antes.

Los veranos a trabajar a casa del amo. Siega, trilla, era en general, campo en general, secano, barbecho..... huertas y riego, siembra y parvas.... recuerdos amontonados que no dejan de ser formas vivas después de los años transcurridos.

Pero surgió que un día estando en un pajar "encalcando paja" le dicen que al día siguiente tiene que ir de viaje a un colegio. No sabía nada más ni preguntó. Simplemente pensó que saldría de aquel lugar y dejaría de tragar polvo. Había algo pendiente que esperaba que en cualquier momento saliese el tema y se ganase unos guantazos o pescozones de su padre, pero nadie decía nada. Unos días antes un grupo de niños habían estado espantando una ganadería donde había algún novillo que se encaraba con ellos. Era el estado de exaltación quien hacía que se actuase de esa forma. Aparecían los caballos del dueño con sus monturas y a correr, pero la maldad estaba hecha y si te descubrían pues había castigo. Esperando el "coche de línea" un vecino le cuenta al padre lo que había pasado y la respuesta del padre fue: "Te libras porque te vas de viaje que sino...." En fin, acalorado, nervioso y azarado pasó el chaparrón y de viaje hacia Valladolid y luego desde allí pues más allá de Burgos y así fue. La despedida de la familia dolorosa y con mucho daño, pero era por mi bien, era porque había que escrutar otras opciones, era asi y así había que aceptarlo.

El viaje transcurrió sin novedad en la primera etapa. Quedo en Valladolid en un colegio muy lujoso donde la comida y la fruta eran abundantes, lo que era un contraste muy grande con lo que atrás había quedado, la era, la trilla, el pajar, la comida justa... El padre se fue y quedó a cargo de un fraile que junto con dos niños más hicieron el viaje hasta el colegio en cuestión. El viaje largo y cansado en aquellos trenes de asientos de lamas de madera que se marcaban en el trasero, pero que entre humo y hollín hacían las travesías por España. Poco o nada supo o se enteró del viaje. Ya lo dejarían en algún lugar y así fue. La entrada de noche no dió para mucho, pero eso sí a partir de ese momento se acabo dirigirse a los demás, fuesen grandes o pequeños de "TU". Siempre de "USTED" incluídos los dos niños que habían sido compañeros en el viaje. Aquello no fue fácil, como no lo fue tener que jugar a "Balontiro" por obligación. Ni le encontraba la gracia al juego ni tenía gana de recibir algún pelotazo, pero era cierto que el respeto y la educación de aquellos niños nada tenía que ver con los de la escuela de donde procedía. Al final a jugar y tres años después era elegido como el mejor.

Hacer un resumen de todo aquello es complicado en tan poco espacio y necesitaría un libro por lo menos, pero sí puedo decir que independientemente de creencias religiosas, de disciplinas férreas, de silencios obligados, de estudios frenéticos y de trabajos en el campo o en la cantera, tiene que agradecerle los mejores años de su vida, los más felices, donde las preocupaciones eran mínimas, donde los estudios eran prioritarios, la religión, el idioma francés, la caligrafía, la química........ eran algo elemental y cotizado. Los continuos exámenes, casi a diario si no eran de una cosa de la otra, las notas semanales donde ser segundo no le servía ni un notable tampoco. El siempre quería el máximo y sino lo conseguía no se sentía feliz. La sed de sabiduría y la facilidad de entendimiento hacían que el humillado, el ninguneado en su lugar de nacimiento, fuese el número uno en muchas cosas en el Colegio donde estaba, incluída la pelota, el frontón o el balón-tiro. Las cosas habían cambiado tanto que los 15 días de vacaciones anuales, viajes incluídos, fuesen unos días de reconocimiento y alabanzas donde antes había sido el hijo del zapatero remendón. La vida da estos cambios y el Hijo del Zapatero se sentaba con el sobrino del Cura, y del que había sido su propio maestro y además conversaba con el cura o con los más altos personajes de la localidad. Los niños no solamente no se metían con él sino que lo admiraban y respetaban e incluso algunos bajaban la cabeza. No estaban a su nivel.

Años después esta situación se acrecentó más aun y el crecimiento hizo el resto. Fueron años felices para él y de orgullo para sus padres que también tenían derecho a recoger parte de la cosecha.

Los estudios en la ciudad de origen fueron diferentes por las diferencias con un sacerdote que se molestó porque le preguntó "qué era una logia masónica" o porque se negó a estudiar el catecismo "nuevo" que era idéntico al "viejo" salvo algunas frases que no cambiaban para nada el sentido del mismo y que por venir de donde venía lo sabía con puntos y comas. No lo aceptó así y al segundo día de clase el cura Gaspar le dijo que a final de curso sería suspendido y lo cumplió. Por lo tanto adiós a la beca, adiós a todo lo que había programado. Solución: Solicitud de entrada en la Marina para estudiar la especialidad de Radiotelegrafista. En Vigo hizo los cursos y navegó durante unos años. Nunca volvió ya ni a vivir con sus padres ni al lugar de origen salvo permisos o vacaciones. Las cosas salieron mal porque las retribuciones prometidas no se llevaron a cabo y cansado ya en una travesía de Génova a Huelva envió un telegrama a su Empresa diciéndole que desembarcaba. El sabía que no podía hacerlo pero no había otra forma de ejercer una presión efectiva. En Huelva se dirigió a la Comandancia de Marina para pedir información del relevo y no sabían nada. Llegaron a decirle que no se le ocurriese desembarcar sin que hubiese un radiotelegrafista y esperó y llegó el relevo y se fue...... nunca más volvió a la mar como profesional, nunca más ejerció su profesión de radiotelegrafista a la que amaba... todo cambió tanto que se refugió de nuevo en el estudio y esta vez volvió a Vigo pero al Instituto Nacional de Emigración para estudiar electrónica especialmente en montaje y reparación de televisores y aparatos de radio. Entonces la televisión era en blanco y negro y no a todas partes llegaba el "UHF" o segundo canal de Televisión Española, única que había. En los cursos había muchos jóvenes sudamericanos normalmente hijos de embajadores o cónsules y estudiaban para saber como funcionaba la transmisión de imágenes por televisión para cuando llegase a sus países. Eran otros tiempos y aunque aquí estábamos retrasados y bastante cercenados en lo que se refería a pensamientos ideológicos, otros venían más atrás todavía.
Más títulos y más estudios terminados pero el trabajo no era fácil de encontrar ni gratis. Los que ya estaban reparando (de oído) como decía él, no estaban dispuestos a decir sus secretos y menos a explicar como y porqué se producían ciertos efectos que se traducían en una avería, sencillamente porque no la sabían. Por lo tanto y después de trabajar y no cobrar se presentó a diversas oposiciones saliendo como número 1 en la correspondiente a la Seguridad Social.

Trabajó  en varios hospitales como Jefe de Personal y desgraciadamente perdió a su mujer a los 30 años. Se quedó con dos niños de 3 años y medio y 9 meses y a 700 kms de su familia. Era el año 1976 y los medios de comunicación actuales por supuesto no existían. Su hijo mayor fue su mayor apoyo y a pesar de su corta edad las conversaciones eran reflexivas, de apoyo y hasta altas horas de la madrugada. Fue una mala época, un mal periodo y aunque durante un tiempo su madre y su hermana mayor estuvieron con él terminó solo de nuevo y se volvió a casar. Dos niños hubiesen sido suficientes, pero no podía caer en el egoísmo de no tener hijos en el nuevo matrimonio, eso no hubiese sido ni justo ni hubiese estado bien, por lo tanto nacieron dos más. Todos varones.

Este matrimonio duró hasta 1989. En ese año ambos decidieron poner fin a la relación y cada uno siguió su camino, él con los dos hijos del primer matrimonio y ella se quedó con los dos hijos del segundo y todo lo demás, excepto un modesto y usado coche.

Vuelta a empezar. Nueva casa, nuevas formas y dos hijos en edad de Servicio militar o de estudiante. Se encerró sin darse cuenta en su vida y se olvidó de sí mismo. Trabajo, casa, hijos... era toda su vida, era su pasión, era su obligación y así lo tomó. Una amiga los fines de semana le hacía la vida un poco más llevadera al principio, pero no porque le ayudase a los quehaceres diarios, sino de una forma íntima. Con los años se demostró que aquello no consistía en otra cosa que sexo por sexo y punto. Ahí terminó todo, pero muchos años después, quizá demasiados y la "ex" sin parar de molestar, sin aceptar la realidad y dispuesta a hacer daño sin que a ella la molestase nadie. A punto estuvo de terminar con él en la cárcel por algo que era falso y que lo reconocía en privado pero no en público.
Por lo tanto tuvo que pasar por malos momentos, muy malos donde hasta los hijos estaban hasta cierto punto divididos sin que hubiese una razón para ello, pero pasó un episodio más que no es verdad que ello fortalezca nada, sino más bien debilita.

Cuando la "amiga íntima" desapareció porque él decidió que así fuese, al darse cuenta que estaba dando su vida por los demás y en cambio no se había preocupado de la suya propia, habían pasado muchos años. Había dado todo por sus hijos, y lo volvería a hacer. Era su obligación. Las circunstancias habían querido que hiciese de padre y de madre y estaba convencido de haberlo llevado a cabo y haberlo hecho lo mejor posible y sin reprochar nada a nadie. Sus hijos eran la prioridad, lo intocable, lo esencial... lo eran todo aunque ellos eso no lo valorasen. Tampoco le importaba demasiado porque las cosas dice; "no se hacen para que te las recompensen o te las agradezcan, en todo caso que te lo reconozcan". Era su forma de pensar y ver las cosas tanto en familia como en el trabajo.

Los hijos se fueron porque la vida va pasando y encontraron con quien casarse y tuvieron sus hijos, es decir tiene sus nietos, tres concretamente y todos varones "No sabemos hacer niñas" dice a la vez que la sonrisa le llega de oreja a oreja orgulloso de sus nietos, pero a los que ve cuando sus padres quieren que vea, porque el reconocimiento de lo hecho no parece que se entienda demasiado bien. En fin así es la vida. El cumplió con su obligación, quien no quiera hacerlo tiene un problema grave que no podrá corregir cuando él desaparezca.

Podríamos decir que nuestro protagonista hizo el imbécil en la vida, que trabajó por los demás y en cambio se despreocupó de él hasta el extremo de encontrarse solo e incomprendido. No piensa así él y simplemente se limita a decir que "ERA MI OBLIGACIÓN". Y efectivamente lo era pero no para olvidarse de él, de su vida, de sus relaciones, de .... "Cada cual es como es y seis media docena"; dirá él

2 comentarios:

Wafah dijo...

Bonita historia. La vida es así, una mezcla de bellos recuerdos y sinsabores...
Hacía tiempo que no entraba por aquí así que un saludo y un beso.

tic-tac dijo...

Conozco a esta persona y doy fe que no es un imbécil. Esta historia la recuerdo muy bien, tuvimos muchas horas de conversación. Ha sido la única persona en este medio con el que he llorado y he reído y que aún le quiero.

Quiérelo, es buena persona.

Un abrazo muy grande...

Maribel.