lunes, 20 de noviembre de 2017

QUE ME PERDONEN LOS HOMBRES por Vanessa Aguilar

Que me perdonen los hombres por el tiempo que invertí en generalizar sus comportamientos, introduciéndolos en ese saco roto llamado "todos sois iguales". Por exterminar los mil y un momentos felices a causa de mis ideas preconcebidas sobre el amor. Por mis expectativas futuras. Por proyectar en vosotros los miedos que habitaban en mí. Por alimentar a mi presente con capítulos que pertenecían a un tiempo pasado reciente o lejano.
Que me perdonen los hombres por haber emitido juicios injustos sobre sus sentimientos. Porque los hombres no lloran por insensibles, sino por una educación recibida que castró con un sinfin de "¡Zas!" la apertura de sus emociones: "los hombres fuertes no lloran", "los hombres que lloran son gays", "los hombres que muestran su sensibilidad son raros".
Que me perdonen los hombres por las veces que creí que tenían que leer mi mente como un libro abierto. Por todos mis "No me sucede nada, pero me sucede de todo". Por creer que el amor verdadero se resumía en besarles y escuchar música de orquesta en mi cabeza, o en visualizar en ella al sapo que se tornaba en rey. Por las veces que dije "Sí" cuando quería decir "No" (y viceversa). Por provocar ese enfado con que obtener el pretexto que me liberaba de un compromiso que, ya desde el principio de los tiempos, yo sentía abocado al fracaso.
Que me perdonen los hombres por las veces que les hice responsables de mis carencias afectivas. Por persuadirles a creer que yo era una "media naranja ideal" y ellos "mi perfecta mitad salvadora". Sí. Por mi dependencia. Por mis chantajes. Por mi faceta de madre o de salvadora. En resumen, por adaptarme a sus necesidades y venderles la creencia de haber encontrado en mi al prototipo de mujer que buscaban. Esto es, "al amor de su vida", pero nunca "al amor de la mía".
Que me perdonen los hombres por las lágrimas que derramaron cada vez que yo me negué al diálogo entre gritos. Por las exigencias que yo les impuse, germinando después en una falta de atención mutua. Por la arrogancia con la que puse fin a una cita o a una relación. Por los silencios que cortaban la respiración. Perdónenme también a los que les vendí un "No puedo" en lugar de un "No quiero".
Que me perdonen los hombres que padecieron mi egocentrismo. Que me disculpen los que cataron mi prepotencia al sorber de ese único dogma viable que era el mío. Por no haber respetado vuestros gustos y aficiones. Ni los tiempos ni los ritmos que cada uno necesitabais para forjaros como hombres. Perdonadme por hacer de la vida en pareja una cárcel de momentos forzados y reducidos a ser experimentados entre dos. ¡Siempre de dos en dos!
Que me perdonen los hombres a los que juzgue de "cerdos" por desearme. Por las veces que me regalasteis un cumplido y yo os lo devolví resoplando, apagando la sonrisa o expresando una frase cruel con la que aniquilarlo. A los que conquisté sólo para avivar la llama de otro. Por las veces que apoyaba mi cabeza entre vuestros brazos para volar hacia otros.
Que me perdonen los hombres a los que jamás me permiti conocerles ni que me conocieran. A los que use de "parches" o de "segundo plato". A los que di más esperanzas que rechazos. A los que me regalaron sus hombros como pañuelo de lágrimas. Por favor, disculpadme los que abracé sabiendo que jamás sería "suya". A los que evite con sutileza. A los que ignore con picardía. Y, cómo no, a los que aparecieron en conversaciones de mujeres heridas e hirientes.
Que me perdonen los hombres a los que abandoné por venderme a la apariencia, a la imagen, al materialismo, al estatus, al poder, a los celos, a la sumisión, al "tener que ser", al "qué dirán".
Que me perdonen todos esos hombres que obraron como maestros para que yo descubriera mi egoísmo. Mi guerra contra vosotros era sólo un reflejo de la guerra que yo, y sólo yo, estaba librando conmigo misma. No conocía. No me conocía. No reconocía. No me reconocía. No valoraba. No me valoraba. No quería. No me quería. No perdonaba. No me perdonaba.
Con Amor del bueno, SIEMPRE.
Os Amo, familia.
Vanessa.

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