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domingo, 30 de junio de 2019

SI USTED PUEDE ESPERAR ESPAÑA NO


El símil con aquella campaña institucional destinada a fomentar el ahorro energético no es mío. Es de Iñaki Gabilondo y se lo escuché en la cadena SER, pero sirve para ilustrar de manera precisa el momento político que vivimos en relación a la investidura del Presidente del Gobierno.
Y es que da la sensación de que algunos actores pretenden alargar el proceso que ha de investir al único Presidente posible, por motivos puramente tácticos y egoístas. Y puede que a ellos les convenga esperar, pero España, efectivamente, no puede.
Hay asuntos pendientes que no pueden esperar al juego táctico de ningún partido. El último informe FOESSA alerta sobre la existencia de más de ocho millones de excluidos sociales en España
La paradoja del momento es la siguiente. La ciudadanía ha cumplido con su responsabilidad democrática, acudiendo repetidamente a las urnas y arrojando un veredicto muy claro. El PSOE ha ganado de largo las elecciones generales, las europeas, las municipales y en diez de las doce elecciones autonómicas llamadas a votar.
Ha cumplido con su responsabilidad constitucional el Jefe del Estado que, tras la ronda preceptiva con los representantes políticos, ha propuesto un candidato a la presidencia del Gobierno. Y, finalmente, ha cumplido con su responsabilidad el propio candidato, Pedro Sánchez, que ha compartido sus planes con los dirigentes de diez fuerzas políticas con presencia en el Parlamento.
Ya solo queda que también asuman su responsabilidad el resto de los actores políticos con capacidad de decisión y voto en la sesión de investidura. Y tienen tres opciones legítimas: o apoyan al candidato propuesto, o intentan forjar una alternativa (que no es posible), o se hacen a un lado sin bloquear la única investidura posible. Estas son opciones legítimas, porque no resulta legítimo optar por el boicot a las instituciones, el bloqueo y la ingobernabilidad. Quizás ellos se puedan permitir ciertos tacticismos interesados, pero España no puede.
Definitivamente, no. España no puede esperar. Necesitamos un Gobierno estable ya. Los ciudadanos han hecho su trabajo. Ahora corresponde a diputados y diputadas actuar con responsabilidad
Quizás unos jueguen a presionar al candidato, intentando llevarle hasta el extremo con la intención de que varíe sus planteamientos en un acuerdo programático, parlamentario e institucional muy razonable. Puede que otros jueguen simplemente a retrasar la investidura para provocar el desgaste político del candidato y fomentar la sensación de inestabilidad. Incluso puede haber quienes jueguen a repetir elecciones, por si les fuera mejor en una nueva cita con las urnas.
Se trata de juegos tácticos tan comprensibles como evidentes, pero absolutamente inaceptables desde la perspectiva del interés general. Los cálculos partidistas son inevitables, pero han de subordinarse al bien común porque, de lo contrario, se subvierte claramente el mandato representativo.
En concreto, puede que algunos actores políticos estén apostando a hacer fracasar la investidura del único Presidente posible en julio, para irse de vacaciones en agosto y continuar el juego táctico en septiembre. Sería una irresponsabilidad.
Hay asuntos pendientes que no pueden esperar al juego táctico de ningún partido. El último informe FOESSA alerta sobre la existencia de más de ocho millones de excluidos sociales en España. Estamos pagando la extra de las pensiones con préstamos. La precarización de muchos empleos exige un nuevo Estatuto de los Trabajadores de forma urgente. Tenemos pendiente el nuevo sistema de financiación autonómica desde hace años. El cambio climático requiere respuestas legales y estructurales ya. En Europa nos esperan para afrontar el brexit, el presupuesto del euro, la armonización fiscal…
Además, aún tenemos por renovar el Consejo del Poder Judicial, el Defensor del Pueblo, el Consejo de Transparencia, el Tribunal de Cuentas, el Consejo de RTVE…
Definitivamente, no. España no puede esperar. Necesitamos un Gobierno estable ya. Los ciudadanos han hecho su trabajo. Ahora corresponde a diputados y diputadas actuar con responsabilidad.

martes, 18 de junio de 2019

SABER GANAR Y PERDER

Nada debería haber en los partidos de izquierda que pueda sorprendernos ya a sus maltratados votantes, pero dejarse conquistar el terreno por la derecha y la ultraderecha de la que abominan (y con cuya abominación hicieron campaña y pretendieron hacer debate), colma todas las expectativas de los penantes izquierdólogos. El PSOE ganó el 28 de abril las elecciones generales y, el 26 de mayo, las elecciones europeas, autonómicas y municipales con una clarísima ventaja respecto al segundo, el Partido Popular, que cosechó sus peores resultados históricos con Pablo Casado a la cabeza. El líder del PP solo lleva un año como tal, pero qué gran regalo le supone ir contemplando el goteo de capitales que van entrando en su redil conservador de la mano de la ultraderecha.
Con todo, el presidente en funciones, Pedro Sánchez, ha seguido empeñado en atraerse a Ciudadanos -y la abstención del PP, si sonaba la flauta- para conformar gobiernos autonómicos, locales y hasta el central. Esos Ciudadanos que, desde la foto de Colón, dejaron muy claro en qué bloque estaban y lo poco que les importa fotografiarse y pactar (sí, PACTAR) con la ultraderecha machista, homófoba y xenófoba de Vox. Los de Abascal, por cierto, que sí tienen muy claro dónde están y lo que quieren: tocar poder, ese sitio desde donde sí se pueden cambiar las cosas, para bien o para (muy) mal. Los recién llegados de Vox en absoluto se andan con melindres y llegan incluso a facilitar gobiernos del PSOE porque el PP y/o Ciudadanos no les da lo que quieren (Burgos) Ni que llevaran toda la vida en esto…
Mientras tanto, la desmoralización socialista, en particular, y de la izquierda, en general, va desparramándose por el mapa territorial de España a la vez que merman sus posibilidades de gobernar proporcionalmente al cómputo de sus resultados y dejando en la mínima la celebración de la contundente victoria en Ferraz durante las dos noches electorales. Sí, aunque hoy nos aparezca una imagen difuminada de aquello, el PSOE fue la primera fuerza electoral en 11 de 13 comunidades autonómas el 28-A (Comunitat Valenciana) y 26-M (las diez restantes) Ganó, además, en la Comunidad de Madrid, en Murcia, La Rioja o Castilla y León, todas ellas (salvo La Rioja, y veremos) que serán gobernadas por el PP gracias a Ciudadanos. Además, el PSOE ganó unas elecciones municipales cuya victoria no olía desde 2003, 16 años atrás, aunque el millón de votos logrado por encima solo le suponga gobernar en dos capitales de provincia más que en 2015.
¿LA CULPA SOLO ES DE CIUDADANOS?
El PSOE culpa al cordón sanitario de Ciudadanos de impedirles formar gobiernos alternativos a los de PP-Cs-Vox. No piensa lo mismo Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha electo con mayoría absoluta, que consiguió atar un “acuerdo integral” con Albert Rivera en hasta 23 municipios. Un pacto, además, cuya ventaja para Cs nadie ve por lo que los de naranja se dejan de poder en la gatera; poder presente y poder futuro.
En Navarra y en Canarias, los socialistas se debaten entre sus complejitos de derechas con Bildu, en el primer caso, y su maldición asociada a Coalición Canaria en las Islas, un partido al que necesitaría en Madrid (si descarta a ERC definitivamente) y al que repudia sobre el terreno propio, ya que CC tiene a un candidato y presidente canario, Fernando Clavijo, que se empeña a estar en el próximo Gobierno aunque esté imputado, el colmo de la responsabilidad política.
Todo se resolvería rápido (o algo más rápido) si Sánchez desplegara el pragmatismo de la derecha que, ganando o perdiendo, acaba logrando siempre mucho más de lo que parecía que iba a conseguircon unos resultados que ni el PSOE igualó en su fatal marca en el Congreso (84 escaños en 2016): de entrada, el PP va a gobernar Madrid, comunidad y ayuntamiento, con sus peores resultados. Y Castilla y León. Y Murcia.
Al presidente en funciones apenas le quedan ya Navarra y La Moncloa para dar un puñetazo encima de la mesa y decidir qué quiere ser de mayor: el jefe de un Ejecutivo secuestrado siempre por los reproches de una derecha que no tiene reparo alguno, en cambio, en saltarse los derechos humanos para pactar con Vox o el líder de un Gobierno progresista y razonablemente estable con Unidas Podemos, dispuesto a romper la dinámica de bloques independentista y no independentista (pese a la cerrazón incomprensible del PSC en el ayuntamiento de Barcelona), negociando con madurez e inteligencia con ERC y Bildu, dos formaciones de izquierdas democráticamente ajustadas a la ley de Partidos (2002) pactada entre PP y PSOE cuando existía ETA y ratificada con los votos de ambos grupos y los de CiU, CC y Partido Andalucista.
La confrontación que busca Cs en Catalunya y que tantos réditos ha dado a la ultraderecha en España -destapada, además, burdamente con la expulsión de Valls del partido naranja por apoyar a Colau- no es ni será la solución de un conflicto cuya profundidad expulsa a las piedras. Es la convivencia en los gobiernos, la obligación de hablar y pactar para legislar y resolver los problemas de la gente la que empieza a minar la desconfianza instalada entre electos, en las instituciones y en las calles. Cuanto antes empiecen a trabajar, mejor.