El líder que firmó la defunción de la URSS y trajo la libertad al bloque comunista trata de hacerse oír en Rusia
EFE - IGNACIO ORTEGA / MOSCÚ
El hombre que cambió la historia, Mijaíl Gorbachov, cumple hoy 80 años convertido en el adalid de la democracia en Rusia, pero es aún blanco del rencor de los que lamentan la caída de la Unión Soviética en 1991.
"Ahora ocurre lo mismo que durante la "perestroika". Entonces yo era demasiado presuntuoso y arrogante y lo pagué caro. Actualmente, los líderes rusos también lo son", aseguró Gorbachov en una reciente entrevista.
Gorbachov, que certificó la defunción de la URSS el 25 de diciembre de 1991, ha endurecido en los últimos tiempos sus diatribas contra los líderes rusos, a los que acusa de asfixiar la democracia.
Gorbachov, que se había cuidado siempre de criticar al primer ministro ruso, Vladímir Putin, lo acusó de "engreído" por pretender decidir entre bastidores con el presidente, Dimitri Medvédev, quién de ellos se presentará a las elecciones al Kremlin de 2012 sin consultar con el pueblo. "No es asunto de Putin, sino de aquellos que votan", dijo el Premio Nobel de la Paz (1990).
Los opositores liberales comparan a Gorbachov con el zar Alexandr II, que acabó con la servidumbre de gleba en 1862, y aseguran que pasará a la historia por poner las bases de la democracia rusa y hacer posible que el imperio totalitario soviético desapareciera "prácticamente sin víctimas".
De hecho, no son pocos los que creen que la autoritaria Rusia de Putin necesita una nueva "perestroika" (reconstrucción) y "glasnost" (transparencia informativa), los procesos que Gorbachov inició a su llegada al poder soviético en marzo de 1985.
Para Occidente, Gorbachov sigue siendo "Gorbi", el dirigente jovial de las manchas en la frente que posibilitó la reunificación de Alemania, acabó con el Telón de Acero y la Guerra Fría y devolvió la libertad a cientos de millones de personas.
Allá donde viaja, Gorbachov es recibido con todos los honores, aunque no ahorre críticas a la política hegemónica de Estados Unidos y censure a la OTAN por intentar arrinconar a Rusia.
Al frente de la fundación que lleva su nombre, Gorbachov recauda dinero para curar a niños con cáncer, lanza campañas contra la pobreza junto a otras populares figuras como el ex presidente de EEUU Bill Clinton o el cantante Bono, defiende el medio ambiente y aboga por un mundo sin armas nucleares.
En el extranjero Gorbachov es el hombre que cambió el mundo y dio rostro humano al socialismo, pero en su propio país es para muchos un dirigente que traicionó a su pueblo, ya que le devolvió la preciada libertad y después lo abandonó a su suerte.
"En la historia de nuestro país ha habido no pocas figuras que han causado mucho mal a su patria y a su pueblo. Pero no hay ninguna más destructiva que Gorbachov", aseguró Guennadi Ziugánov, líder de los comunistas rusos.
Los historiadores también acusan a Gorbachov de autorizar el uso de la fuerza para reprimir las manifestaciones independentistas que desembocaron en auténticos baños de sangre en algunas repúblicas soviéticas en 1990-91.
"Ahora ocurre lo mismo que durante la "perestroika". Entonces yo era demasiado presuntuoso y arrogante y lo pagué caro. Actualmente, los líderes rusos también lo son", aseguró Gorbachov en una reciente entrevista.
Gorbachov, que certificó la defunción de la URSS el 25 de diciembre de 1991, ha endurecido en los últimos tiempos sus diatribas contra los líderes rusos, a los que acusa de asfixiar la democracia.
Gorbachov, que se había cuidado siempre de criticar al primer ministro ruso, Vladímir Putin, lo acusó de "engreído" por pretender decidir entre bastidores con el presidente, Dimitri Medvédev, quién de ellos se presentará a las elecciones al Kremlin de 2012 sin consultar con el pueblo. "No es asunto de Putin, sino de aquellos que votan", dijo el Premio Nobel de la Paz (1990).
Los opositores liberales comparan a Gorbachov con el zar Alexandr II, que acabó con la servidumbre de gleba en 1862, y aseguran que pasará a la historia por poner las bases de la democracia rusa y hacer posible que el imperio totalitario soviético desapareciera "prácticamente sin víctimas".
De hecho, no son pocos los que creen que la autoritaria Rusia de Putin necesita una nueva "perestroika" (reconstrucción) y "glasnost" (transparencia informativa), los procesos que Gorbachov inició a su llegada al poder soviético en marzo de 1985.
Para Occidente, Gorbachov sigue siendo "Gorbi", el dirigente jovial de las manchas en la frente que posibilitó la reunificación de Alemania, acabó con el Telón de Acero y la Guerra Fría y devolvió la libertad a cientos de millones de personas.
Allá donde viaja, Gorbachov es recibido con todos los honores, aunque no ahorre críticas a la política hegemónica de Estados Unidos y censure a la OTAN por intentar arrinconar a Rusia.
Al frente de la fundación que lleva su nombre, Gorbachov recauda dinero para curar a niños con cáncer, lanza campañas contra la pobreza junto a otras populares figuras como el ex presidente de EEUU Bill Clinton o el cantante Bono, defiende el medio ambiente y aboga por un mundo sin armas nucleares.
En el extranjero Gorbachov es el hombre que cambió el mundo y dio rostro humano al socialismo, pero en su propio país es para muchos un dirigente que traicionó a su pueblo, ya que le devolvió la preciada libertad y después lo abandonó a su suerte.
"En la historia de nuestro país ha habido no pocas figuras que han causado mucho mal a su patria y a su pueblo. Pero no hay ninguna más destructiva que Gorbachov", aseguró Guennadi Ziugánov, líder de los comunistas rusos.
Los historiadores también acusan a Gorbachov de autorizar el uso de la fuerza para reprimir las manifestaciones independentistas que desembocaron en auténticos baños de sangre en algunas repúblicas soviéticas en 1990-91.