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lunes, 20 de abril de 2020

ESTADO DE ALARMA-ALIMENTOS

Desde que se decretó el estado de alarma, gran parte del sector de la hostelería ha echado el cierre. Desde entonces, son muchos los restaurantes que llevan cinco semanas sin servir un sólo plato de comida, pero algunas cadenas de comida rápida siguen repartiendo a domicilio, aunque sus locales se encuentran cerrados de cara al público.
Es el caso de Telepizza, Burger King, Domino´s o Vips, entre otros, que siguen repartiendo comida a particulares durante el confinamiento.
Los usuarios pueden llamar al establecimiento o meterse en la app de Glovo o Deliveroo para encargar lo que deseen, dependiendo de si los locales utilizan repartidores internos o riders externos.
El hecho de que haya particulares pidiendo comida rápida sin ninguna necesidad urgente, más allá de satisfacer una apetencia individual, no sienta demasiado bien a algunos repartidores de comida que critican la "hipocresía" de estas personas.
Martín es repartidor de Burguer King y explica a Mierda Jobs que, tanto él como sus compañeros, comentan la "doble cara" de los clientes a la hora de pedir una hamburguesa.
"Es increíble, porque tienen en sus casas carteles en los que pone #TodoSaldráBien y #QuédateEnTuCasa, pero luego piden una hamburguesa. Te dicen que tengas cuidado y te abren la puerta como si fueras un apestado para no contagiarse. Les da igual que tú te contagies o no", explica.
Aún así, añade que está acostumbrado a esta forma de proceder. "Es como cuando piden lloviendo, o te hacen subir 8 pisos por la escalera y ni se inmutan cuando no puedes ni respirar", concluye.
Raúl trabaja como repartidor en Telepizza y también denuncia que hay "hipocresía" entre las personas que piden una pizza, pero que "proclaman que debemos quedarnos en casa".
Como él, Iván trabaja en la misma empresa y explica que entiende que haya gente que un día esté cansada y pida una pizza. "Lo que no logro entender son a aquellas personas que piden cada semana y tienen un cartel en la puerta diciendo que nos quedemos en casa. Parece que creen que la comida llega en dron", finaliza.
A Rubén le han llegado a tirar el dinero mientras abrían la puerta con la boca tapada para no contagiarse. Y pone de manifiesto el "egoísmo" de estas personas que "no reparan en los repartidores ni por un momento".
Las denuncias también se están dejando ver en redes sociales, donde los repartidores han subido, a modo de ejemplo, los tickets que reciben con mensajes de ánimo tras pedir una pizza familiar a domicilio.

lunes, 16 de marzo de 2020

ESTADO DE ALARMA. TARDE PERO AL FINAL ( Joaquin Coll)


La noche del sábado, con siete horas de retraso, escuchamos a Pedro Sánchez desgranar las medidas del decreto que desarrolla el estado de alarma aprobado en un convulso Consejo de Ministros. Fue una tarde horrible para el Gobierno de coalición después de una semana desastrosa en la que se hizo evidente que llegaba tarde.
Los días antes parecía que no tenía fuerzas o ganas de ponerse al frente de la crisis, liderando la adopción de decisiones duras pero inevitables para frenar la propagación del coronavirus. 
El viernes, España regresó a la época de las juntas provinciales cuando, tras la invasión napoleónica, el poder central desapareció y cada localidad empezó a hacer la guerra al ocupante por su cuenta.
Ese día, con la huida de miles de madrileños o barceloneses hacia sus segundas residencias en la costa o la montaña para buscar un mejor refugio ante lo que se avecinaba, el caos de directrices fue tal que hasta una abanderada de la plurinacionalidad como la alcaldesa Ada Colau criticó la descoordinación de las administraciones: "Madrid hace una cosa, Murcia hace otra".
Ante una emergencia de tal magnitud era incomprensible la tardanza del Ejecutivo en aplicar el artículo 116 de la Constitución para establecer un mando único, centralizar las decisiones y los recursos y dar cobertura legal al confinamiento domiciliario de la población.
Tarde, pero por fin, el Gobierno se decidió a tomar el control de la situación y ahora ya sabemos quién manda en sanidad, interior, defensa y transportes. La intervención de Sánchez estuvo a la altura de las graves circunstancias del momento.
Fue claro, contundente, y apeló a la confianza y la unidad tanto de la ciudadanía como de los responsables públicos, pues el virus no entiende de territorios, clases, ideologías o partidos.
También acertó en desoír las quejas competenciales del lehendakari Urkullu y las amenazas del impenitente Quim Torra, que el viernes anunció el confinamiento unilateral de Cataluña por tierra, mar y aire y el sábado pasó a acusar al Ejecutivo español de aplicar "un 155 encubierto".
De nuevo, los separatistas situándose por encima de los intereses generales y escandalizándose porque el ministerio de Sanidad haya elegido el amarillo para la palabra "virus" en un anuncio institucional, cuando ese color es el que tradicionalmente se usa para avisar de epidemias.
Las próximas semanas van a ser muy dolorosas ante el aumento exponencial de enfermos y fallecimientos. Lo peor está por llegar. Por eso necesitamos mantener un clima de confianza colectiva, dando lo mejor de cada uno de nosotros, desde la gratitud hacia aquellos que se están exponiendo por razones laborales a contraer el virus. Es el momento, por fin, de unirnos.