EL LINFOMA Y YO (IV)
PRIMER CICLO
Al cabo de unos 10 minutos entró de nuevo, siguió hablando en su tono serio y me hizo saber que había hablado con los compañeros y descartaban la intervención quirúrgica. Respiré profundamente y dejé la carpeta que llevaba sobre un radiador. Naturalmente se dió cuenta, pero no preguntó nada.
Tras explicarme algunas de las consecuencias tras la quimioterapia que me iban a aplicar, como la caída del pelo, la esterilización etc me cita para hacerme una primera biopsia de médula que días después hace efectiva con punción por detrás en la cadera. Varias analiticas y consulta con el cirujano, para extraerme un quiste y proceder a su análisis. Una vez los resultados de estas pruebas estuviesen listas, comenzarían los ciclos de Quimioterapia.
Y llegó el día en que por la tarde ingreso por segunda vez en un hospital dispuesto a aceptar las cosas como venían. Me estaban esperando y poco después de ponerme el pijama correspondiente me cogen una via en el brazo, me cuelgan dos goteros y comienza la hidratación. La noche fue larga larga. Nunca había pasado una noche con un gotero puesto y ante el sueño imposible, trato de descansar y relajarme, sin descuidar el caudal de los goteros. Uno de mis hijos pasó una mala noche por mi culpa y yo me sentí aliviado con las primeras luces del día y el trajín de enfermeras, auxiliares y personal de limpieza. El compañero de habitación era de pocas palabras..... más bien de ninguna y su aspecto era el de un afectado de VIH. nunca llegaré a saber como vivía aquel ser, sin comer nada, sin levantarse, sin hablar y poco menos que olvidado. Separados por la cortina corrida entre ambas camas pasábamos el día y a veces tímidamente le preguntaba si estaba bien, porque temía que alguna vez no me contestase.
A primera hora de la mañana una analítica. Poco después me trasladan a la UCI, para cogerme una arteria en el pecho. La arteria subclavia. Una incisión y un catéter donde se conectarían más goteros y más quimioterapia.Una larga espera y mi brazo derecho no responde. Sin alarmarme más que lo justo, se lo digo a la enfermera y poco después llega el médico que dice que posiblemente sea de la anestesia y que si dos horas después sigo igual que lo diga. Me trasladan a mi habitaciòn y allí me esperaban ya la Dra. Blanes y un Neurólogo. Posición fetal y pinchazo en la columna para extraer muestras y llevar a cabo nueva biopsia.
A primera hora de la mañana una analítica. Poco después me trasladan a la UCI, para cogerme una arteria en el pecho. La arteria subclavia. Una incisión y un catéter donde se conectarían más goteros y más quimioterapia.Una larga espera y mi brazo derecho no responde. Sin alarmarme más que lo justo, se lo digo a la enfermera y poco después llega el médico que dice que posiblemente sea de la anestesia y que si dos horas después sigo igual que lo diga. Me trasladan a mi habitaciòn y allí me esperaban ya la Dra. Blanes y un Neurólogo. Posición fetal y pinchazo en la columna para extraer muestras y llevar a cabo nueva biopsia.
Hasta 5 goteros a la vez inyectando medicamentos en mis venas. El tratamiento era para estudiarlo. Los horarios entre los diferentes medicamentos eran escrupulosos y durante cada día se me aplicaban unos 25 goteros en dos periodos de aproximadamente 6 horas. De 12 a 6 de la tarde y de 12 de la noche a 6 de la mañana. Dos máquinas perfusoras controloban los supuestamente mas peligrosos y una bolsa iba dejando caer gota a gota un liquido color naranja que yo denominé "el butano". Creo que encontré la fórmula para no desesperarme, para aguantar todo aquello y no caer en el pozo totalmente. Sabía que todo era cuestión de aguante y sufrimiento. Sabía que al sexto día saldría de allí con la primera sesión dada y cada hora, cada minuto jugaba a mi favor. Esa era mi baza y esa era mi fuerza y así pude llegar al fin del ciclo con la mente relativamente bien, porque no se me había olvidado tampoco la frase de "¡Paco! esto tiene tratamiento y tiene cura. Te lo digo como amigo, no como médico". Gracias de verdad. No me quitaba las lágrimas, pero me agarraba a algo que para mi era de gran consistencia.
Cada ciclo de quimioterapia los denominé "asaltos" y cuando los escribía, ya en casa, me desahogaba y soltaba toda mi indignación contra una situación que ni remotamente había contemplado en mi vida. No podía escribir de una forma continuada, porque los ojos se me inundaban de lágrimas, pero sabía que tenía que hacerlo y lo conseguía después de varias intentonas. Esos escritos los iba enviando a mis contactos de correo electrónico y a todos ellos les agradezco la paciencia que supieron tener y los ánimos que me trataban de infundir y que lo conseguían.
Me pidieron autorización para poderlos utilizar en una Universidad y en una clínica como terapia psicológica y me hicieron un honor, porque nunca pensé que lo que yo describía le pudiese interesar de esa manera a nadie. Por lo tanto gracias a ellos.
Cada ciclo de quimioterapia los denominé "asaltos" y cuando los escribía, ya en casa, me desahogaba y soltaba toda mi indignación contra una situación que ni remotamente había contemplado en mi vida. No podía escribir de una forma continuada, porque los ojos se me inundaban de lágrimas, pero sabía que tenía que hacerlo y lo conseguía después de varias intentonas. Esos escritos los iba enviando a mis contactos de correo electrónico y a todos ellos les agradezco la paciencia que supieron tener y los ánimos que me trataban de infundir y que lo conseguían.
Me pidieron autorización para poderlos utilizar en una Universidad y en una clínica como terapia psicológica y me hicieron un honor, porque nunca pensé que lo que yo describía le pudiese interesar de esa manera a nadie. Por lo tanto gracias a ellos.