Por Paco10
Se me ponen los vellos como escarpias al pensar que alguna vez tengo que introducirme en un "pajarraco" de chapa, agotar la adrenalina acumulada durante mucho tiempo, sentir que me dicen que me "ate", que si vamos a morir tenemos que meter la cabeza entre las piernas como el cobarde avestruz y así pasar una buena cantidad de horas a favor o en contra de la rotación y traslación de la Tierra sin poder estirar mis piernas adecuadamente. Ya sé que lo del miedo a volar es algo que algunos padecemos, otros lo disimulan y otros dicen que no lo tienen. Yo soy de los primeros y aunque mis experiencias son poco menos que anecdóticas, entiendo el terror e incluso la negación de algunos a subir a estos aparatos.
Pero la cuestión del miedo a volar es poco menos que voluntaria y cuantas personas mayores de la era moderna se han ido al otro barrio sin pasar por semejante experiencia y en muchos casos ni gana. Pero si todo esto entra dentro de la normalidad más absoluta, no lo es tanto lo que circunda aquello que antecede a la entrada a la aeronave y cuyos trámites son cuando menos engorrosos, pudiendo llegar a ser humillantes, rayanos en lo vejatorio y muy parecidos a actitudes dictatoriales y conductas prepotentes que de alguna manera pueden dañar la dignidad de la persona.
Estamos en el siglo XXI y no damos un paso para ser más humanos, y para respetar esos derechos de los que tanto se habla y nada se practican. Si yo dijese aquí que sobran las barreras fronterizas en todo el mundo, seguro que vas a pensar que es poco menos que una tontería o como mínimo que es una utopía. Efectivamente lo es en estos momentos y quizá siempre, pero no dejo de pensar que las murallas burocráticas fronterizas no son menos muros que "El muro de Berlín" y éste cayó, porque los ciudadanos afectados directamente y los que no lo eran tanto se rebelaron, se manifestaron y lucharon para que despareciese.
En estos momentos, hay una madre chilena, casada con un español y residente en España con su hija de la mano en un aeropuerto en Santiago de Chile dispuesta a volver a España después de una estancia de aproximadamente un mes y medio en aquellas tierras. Todo en orden, pasaje en mano y equipaje al lado. Todo está perfecto incluso según la policía de allí y de acá. Todo para todos, menos para una compañía aérea que le exige un billete de vuelta también, sin cuyo requisito, que no es poco no puede volar hacia España. Ya perdió el vuelo que la tenía que haber traído hasta España hoy y no ha habido forma de poder solucionarlo. Solamente se le ofrece la alternativa ya dicha.
No quiero escribir todo aquello que se me pasa por la cabeza en estos momentos, porque seguro que me iba a meter en algún lío jurídico y yo soy "alérgico" a ellos, pero sin llegar a tanto como se llegó en el Muro de Berlín, estoy convencido que deberíamos concienciarnos lo suficiente como para rebelarnos ante decisiones adoptadas por monopolios, oligopolios o empresas financieras sin escrúpulos, sin humanidad y que pueden o toman medidas tan importantes como son la de impedir que una persona pueda viajar porque sus intereses pueden resultar dañados. Desde luego si una compañía aérea puede decidir y obligarme a tomar medidas que no quiero y los gobernantes, policía y demás implicados en la seguridad de todos lo consienten, esto es una m........ como el sombrero de un picador.
Debe ser duro, muy duro sentirse poco menos que un paria en tu propia tierra víctima de la incomprensión, de la falta de humanidad, de la prepotencia y la insensatez de la creencia que la razón siempre está de nuestra parte y nos arrogamos poderes que corresponden, o eso creo yo, únicamente a las Seguridades de los Estados o a los Jueces.


